La poesía de Catulo

Cayo Valerio Catulo nació en Verona, en una familia influyente ya que su padre era amigo de Julio César.

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Estudió en Roma pasando allí una temporada. Se enamoró de una dama llamada Clodia que estaba casada con el gobernador de la Galia Cisalpina. Tras concederle sus encantos, le fue infiel a la primera ocasión y dejó a Catulo debatiéndose entre el odio y el amor, como expresa en su conocido dístico: «Odio y amo. ¿Cómo es posible?, preguntarás acaso. No lo sé, pero siento que me ocurre y me atormenta».

catulo

Fue una inspiración excepcional para uno de los corpora de lírica amorosa más intensa de todos los tiempos. Lateralmente, en sus poemas también se refleja, directa o indirectamente, una relación homosexual con un joven.

Murió a los 30 años de edad.

El corpus catuliano consta de unas 116 poesías, 102 encabezadas por una dedicatoria a Cornelio Nepote que sin duda debió pertenecer a una compilación anterior, aparentemente distribuidas en tres grupos. El primero, hasta la composición 60 inclusive, comprende poemas líricos cortos, en metros varios, de asuntos sacados de los más diversos acontecimientos de la vida: poesías amorosas, otras dirigidas a amigos o enemigos, improvisaciones ingeniosas, anécdotas, sátiras, y un breve himno a Diana.

. Busto del poeta romano Gaio Valerio Catullo en Sirmione

Podemos dividir estos 116 poemas en:

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  1. Poemas de diatriba
  2. Poemas de amor
  3. Poemas de amistad
  4. Poemas de reflexión personal

Opinión personal :

He leído algunos poemas de Catulo y  he de admitir que usa un vocabulario muy culto y variado. Cuando he buscado sobre él he descubierto muchas más cosas de las que me había imaginado y muchas que me han fascinado. Este gran poeta ha escrito poemas basándose en sus experiencias más dolorosas y más felices, describiendo cada situación, y ha dedicado su vida a la literatura y la lírica.

Aquí uno de sus poemas :

Gorrioncito, joya de mi pequeña,
con quien juega, al que resguarda en el seno,
al que suele dar la yema del dedo
y le incita desgarrados mordiscos:
cuando a mi deseo resplandeciente
le place tornarse alegre y aliviarse
de sus cuitas, para aplacar su ardor,
¡cuánto me gustaría, como hace ella,
jugar contigo y desterrar las penas
lejos de mi triste ánimo!
(II b)
Me es tan grato como a la niña el fruto
doradito que soltó el ceñidor
que tanto tiempo permaneció atado.

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